Estoy aquí; aparentando cordura, soñando sin dormir, respirando sin
merecerlo y caminando sin tocar el suelo… al borde de la locura.
La vida me ha golpeado fuerte y el destino se empeña en hacerme
caer como si no hubiera más individuos. Pero no puedo quejarme, pues no soy tan
ligera; culpa he tenido de mis males y ahora debo enfrentarlos con fortaleza.
Aprendí que el camino no siempre está forjado y que hay que
construirlo con paciencia.
Aprendí que no todos tenemos “media naranja” porque hay quienes no
estamos partidos a la mitad y si te sientes incompleto es tu responsabilidad y
no del destino.
Aprendí que en el juego de la vida no siempre se puede ganar, de
hecho siempre se pierde pues al final la muerte siempre ha de llegar.
Aprendí que las sonrisas fingidas también regalan ilusiones y que
no todas las mentiras son malas.
Aprendí que vivir no es sólo respirar, es como un arte imperfecta
que tienes que crear, es como un sueño que no puedes interpretar, es como el
misterio del universo y de la verdad y que para sobrevivir se necesita aire,
agua, comida y un poco de paz.
Aprendí que no sé todo y no me acerco ni a la mitad, pero al menos
ahora sé cómo sobrevivir.

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