Te quedaste en aquel escenario; frente a un público enloquecido
con aquello que mostraste, frente a un sueño que se escondía detrás de las
luces.
Fuiste la estrella de una obra que recorrió rápidamente los
teatros de la ciudad, pero olvidaste que aquel, era sólo un personaje y que no
era tu esencia lo que en realidad expresabas, olvidaste que tu vida era otra y
seguiste siendo aquel villano inmortal disfrazado de héroe; aquel que eras se
quedó detrás del telón, le prometiste regresar y después lo abandonaste ahí,
para no recogerlo nunca porque te pareció más interesante vivir una historia
que tenía final feliz aunque no fuera verdad, porque te perdiste entre los
aplausos de un público que esperaba vivir lo mismo que aquel protagonista; las
demás personas olvidaron por un momento su vida, pero tu lo hiciste permanente
y nunca abandonaste la obra, regalaste aquel destino propio y le hiciste un
monumento a quien en verdad, no eras tú.
Encausaste tu vida a satisfacer aquel actor que un día llenó tu
mundo y que hoy se desvanece llevándose todos tus sueños, aquel tren ya se puso
en marcha y ahora debes recordar como vivir por ti y no por él.
Volver a caminar para después aprender a correr; dejar el
escenario, aquel que ahora ya no te da un papel, aquel que ahora te deja ser
tú; respirar un aire que aunque no sea mágico, llena tus pulmones y disfrutar
de una vida, que aunque no sea perfecta y aunque no tenga guiones, es real.

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