Siempre has estado en la vida de todas las personas; encuentras la
manera de no alejarte de nadie. Adoptas diferentes sabores, olores o
sensaciones, pero siempre estás.
Llegas para endulzar la vida de las personas que más te necesitas;
les devuelves la fe, la ilusión, la confianza en los demás. Regalas una paz
inimaginable, calmas los espíritus más inestables, alejas la cobardía y pintas
mundos de colores.
Por ti, se crean esculturas, pinturas, poemas, melodías; se
fotografían cielos, noches, amaneceres, montañas, lunas que llevan grabados
nombres; se cree en mundos mejores; se vuelven ciegas aún las peores visiones.
Por ti, la vida se va transformando.
Y un día, sin más, construyes muros y fronteras que parecen no
poderse rebasar.
Hay tantas despedidas amargas, te has encargado de que sea difícil
olvidar, has hecho huecos casi imposibles de llenar.
Sin querer vas guiando el camino a tu amiga la soledad para
quitarle el sabor a la vida, para dejarnos sin más por qué luchar y el mundo se
torna de un color triste y obscuro, pero tú, sigues presente.
No hay a quién culpar, simplemente son etapas de la vida que se
deben superar.
Hay distintas maneras de conocerte; eres subjetivo, pero ahora dime
¿Quién te dice si debes ser dulce o amargo?

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