Un
sutil aroma se va mezclando con la soledad; el sabor hace que mis papilas
gustativas enloquezcan; la cafeína va corriendo por mis venas y despacio me
devuelve la esperanza.
Una
de mis pocas adicciones, mi compañía en silencio, el admirador de mis versos,
el sabor de mis noches, el aliento de mis mañanas.
Ya
sea puro o compuesto, siempre llena mis expectativas:
Me
he sumergido entre su espuma escribiendo un par de versos, me han ahogado los
recuerdos entre el abismo de su obscuro; he perdido la noción del tiempo entre
la madrugada, un trabajo constante y su aroma y mientras se pinta de un color
más sutil, al mezclarse con la crema, se va formando un remolino hipnotizante,
aquel del que a veces intento escapar en la vida real.
Así,
encontré un compañero que no me abandona, que está en invierno y en primavera,
mientras llueve o nieva, el calor del verano y en las tardes de octubre. No hay
más que decir; su sabor y su aroma me hacen olvidar por un momento de los
problemas y sumergir en un mundo mejor.
Caliente;
reconforta el alma.
Frío;
te llena de calma.
Es mi compañero para
descubrir el mundo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario