Va
cayendo la noche en esta ciudad que parece no detenerse nunca.
El
aroma a café invade lentamente mi pequeña habitación; hace que mi sentido del
olfato se despierte y al sentir su sabor en mi boca, la tranquilidad llega a mi
mente.
Todo
parece tan perfectamente silencioso, a veces, ese silencio me enloquece, pues
me reconozco sola, pero ahora le da un ambiente religioso al lugar.
Estoy
aquí, sin saber bien el porqué o el a dónde, pero sigo aquí, con todo lo que
fui o no fui, con todo lo que soy o no soy.
Las
memorias aparecen como relámpagos que audaces cruzan mi mente y después se
alejan.
Voy
tejiendo una historia que se supone era mía y que ahora no parece cuadrar, algo
le falta, no lo puedo explicar.
Café,
silencio y memorias son mis compañeros perfectos para esta noche.
Hay
en este lugar pedacitos de momentos que viví; los recuerdos se vuelven de
pronto una adicción que no puedo abandonar; me aferro a la cafeína que empieza
a recorrer mi cuerpo y el silencio se quebranta con el ruido del palpitar de mi
corazón, un ruido muy fuerte que sólo yo escucho y que va perturbando mi
aparente calma.
¿Cómo
algo del pasado puede tener tal efecto en el presente?
Es
simple y suena sencillo; hay momentos que cambian tu vida para siempre.
Café,
silencio y memorias; mis mejores aliados para entender lo que fui, para ser lo
que quiero y dejar de esperar.
Café,
silencio y memorias; bienvenido sea este nuevo estilo de vida.

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