miércoles, 4 de julio de 2012

“Café, silencio y memorias.”



Va cayendo la noche en esta ciudad que parece no detenerse nunca.
El aroma a café invade lentamente mi pequeña habitación; hace que mi sentido del olfato se despierte y al sentir su sabor en mi boca, la tranquilidad llega a mi mente.
Todo parece tan perfectamente silencioso, a veces, ese silencio me enloquece, pues me reconozco sola, pero ahora le da un ambiente religioso al lugar.


Estoy aquí, sin saber bien el porqué o el a dónde, pero sigo aquí, con todo lo que fui o no fui, con todo lo que soy o no soy.
Las memorias aparecen como relámpagos que audaces cruzan mi mente y después se alejan.
Voy tejiendo una historia que se supone era mía y que ahora no parece cuadrar, algo le falta, no lo puedo explicar.
Café, silencio y memorias son mis compañeros perfectos para esta noche.
Hay en este lugar pedacitos de momentos que viví; los recuerdos se vuelven de pronto una adicción que no puedo abandonar; me aferro a la cafeína que empieza a recorrer mi cuerpo y el silencio se quebranta con el ruido del palpitar de mi corazón, un ruido muy fuerte que sólo yo escucho y que va perturbando mi aparente calma.
¿Cómo algo del pasado puede tener tal efecto en el presente?
Es simple y suena sencillo; hay momentos que cambian tu vida para siempre.
Café, silencio y memorias; mis mejores aliados para entender lo que fui, para ser lo que quiero y dejar de esperar.
Café, silencio y memorias; bienvenido sea este nuevo estilo de vida.

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