martes, 10 de julio de 2012

"Lo olvidé..."


En este momento, ya me olvidé de vivir; me he olvidado hasta de respirar.

Lo bueno de todo esto, es que olvidé cómo llorar porque desde hace tiempo, no he encontrado un motivo tan fuerte y desequilibrante que me arrebate las lágrimas.

Lo malo, es que también olvidé cómo sonreír, cómo amar y hasta cómo creer.

Me encuentro en una etapa que llamo “Vivir muriendo”; mis sentidos cada vez se vuelven más débiles, mis sentimientos agonizan entre la apatía y el desinterés y ahora, ya no importa si vivo o muero.

En pocos días, me olvidé de la magia del cielo al amanecer y de las noches estrelladas de octubre, olvidé el frío de aquel invierno perfecto y el sol empalagoso de junio, olvidé aquel aroma delicioso del café y el sentimiento cuando el agua de aquel mar tocó mis piernas por primera vez.

Pero no todo lo que olvidé fue bueno, también olvidé la angustia, los rencores, el dolor de mi primera cirugía, la depresión que dejó un trozo de periódico, olvidé el momento en el que se fue, olvidé quién se fue y porque se fue, olvidé mis errores y lo mucho que me reprendí por ellos y lo más importante; olvidé cuándo fue la última vez que lloré y la causa de ello.

Ahora, ya no sé si soy o fui, sólo sé que vago por el mundo en busca de un nuevo sentido; nunca me detengo porque si lo hago, siento que me desvanezco y aquella sensación es peor a la de vivir muriendo.

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