Las
personas llegan, se sientan, se van…
El
tiempo transcurre; rápido, lento, siempre igual…
El
silencio permanece como el compañero perfecto…
Las
palabras huecas de personas amigas que un día ayudaron, que hoy no dicen nada…
El
viento se lleva suspiros de desaliento…
No
se siente nada; solo un vacío que irónicamente va llenando mi alma…
Un
sutil llanto, un grito ahogado en la profundidad de mi pecho…
Un
consuelo firme: estará mejor…
Un
anhelo alegre: se fue feliz…
Un
motivo irónico: se quedará conmigo…
Todo
eso está y no está, como viento de invierno; presente, invisible…
Entiendo;
es hora de despedirse, debemos dejarlos ir, nunca fueron realmente nuestros…
El
dolor permanece constante; a veces se agudiza, luego disminuye pero ahí está
presente en estos segundos que siguen el curso marcado…
Aun
no sé qué decir, aun no sé qué pensar; fue solo un sueño. ¡Es mi realidad!
Lágrimas
invaden mis ojos, están a punto de estallar; el viento las seca no han podido
brotar…
¡Tiempo!
Detén el tiempo, ahora no quiero que pase. Todavía no, necesito otro poco; aun
no es el momento. En realidad nunca será el momento.
Una
rosa entregada con mi último aliento, será guardada debajo del suelo, ahí no se
queda, se eleva hasta el cielo donde estará usted…
Escucho
murmuros y llantos profundos, el olor a canela, las gotas de agua que caen
sutilmente, camino despacio; un pie tras de otro, oraciones y rezos, apoyo
cercano que se siente tan lejos…
Debo
mirarle por última vez, debo decirle la quiero, debo agradecerle por todo, debo
pedirle perdón; usted se queda en mi corazón.
Descanse
que aunque aquí duela mucho y el vacío sea profundo usted hizo todo lo que
debía hacer…
Hasta
siempre…
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